Esta
es una de las pocas veces que me permito escribir una nota personal, aunque
pienso que tiene una trascendencia que va más allá de lo personal, porque es
hacer justicia cuando se trata de recordar a un ser que dejó una huella
importante en este mundo.
Se
trata de mi padre, quien el pasado 26 de agosto cumplió 50 años de haber pasado
a otro plano, donde la eternidad es el pan de cada día.
Antes
de hablar de su destacada trayectoria pública como médico-psiquiatra, quisiera
mencionar aspectos más íntimos de su personalidad, pues Pedro Vicente González
Melián fue apasionado de los fenómenos paranormales, de la hipnosis, del
ocultismo científico, de las enseñanzas rosacruces, entre muchos otros temas;
de manera que es inocultable en mí, esta herencia de mi padre, que me ha
llevado a recorrer el camino de la astrología, o dicho en forma más científica:
la cosmobiología.
González
Melián, nacido en Caracas el 24 de julio de 1931 y fallecido el 26 de agosto de
1968, fue fundador y primer director del Instituto Nacional de Psiquiatría
Infantil (INAPSI).
Graduado
en la Universidad Central de Venezuela, González Melián dedicó su corta pero muy
fructífera existencia al apasionante tema de la salud mental del niño, campo
donde brindó excelentes aportes. Médico, con especializaciones en neurocirugía y psiquiatría, obtuvo un doctorado en Londres en el área que fue su pasión: Psiquiatría Infantil.
Colaboró
en la creación de la revista “NIÑOS”, órgano divulgativo del INAPSI, además de
realizar labor docente en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y en la Escuela de Enfermeras “F.A. Rísquez”.
El
Instituto de Educación Especial “Dr. Pedro González Melián”, plantel ubicado en
El Paraíso, Caracas, y que atiende a centenares de niños con problemas
especiales, lleva su nombre como reconocimiento a la imborrable labor de este
gran médico venezolano.
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Su
entrañable amigo, el psiquiatra y escritor Francisco Herrera Luque, me decía al
hablar de él: “Pedro González Melián fue un hombre excepcional, lleno de bondad
y sabiduría, si tú te quedaste huérfano con su muerte, yo perdí a uno de mis
amigos más queridos. Pedro era un filósofo nato, un hombre genial y apacible;
no puedo menos que recordarlo con profunda nostalgia, ya que más que un
discípulo brillante, fue un hijo por
elección”.
Otro
de sus grandes amigos, el doctor Aquiles Guzmán, escribió sobre él: “Murió
lleno de proyectos; concebía proyectos con la misma avidez con que otros acumulan dinero.
Espiritualmente, Pedro estaba abierto a todas las corrientes del pensamiento
humano. Aceptaba a los hombres por su valor intrínseco, y cuando entre él y uno
se revelaban afinidades espirituales, sabía hacer gala entonces de una sincera
y leal amistad”.
