domingo, 12 de julio de 2026

Gibran, la dulce poesía de Saturno

 


El temperamento de Capricornio suele parecer árido, calculador, estricto y emotivamente frío, sin embargo, su influjo real conlleva a muchos seres humanos a alcanzar un alto grado de espiritualidad y sensibilidad.

 

Este es el caso del escritor y poeta libanés Khalil Gibran, cuya obra destila la dulce melancolía capricorniana, una extrema sensibilidad e inspiración que llega a miles de personas en todo el mundo.

 

Tener y leer un libro de Gibran es contar con un amigo y compañero dispuesto a darte siempre paz, ánimo y momentos de reflexión y sabiduría.

 

Muy especialmente nos referiremos a su pequeña gran obra “Arena y Espuma”, un libro de aforismos, pensamientos breves y muy profundos, que en determinados momentos pueden ser el mejor consejo que podamos recibir, o simplemente, una frase que nos estimula dulcemente y nos anima en nuestro tránsito por la vida.

 

Una muy corta frase, encierra, por ejemplo, una enorme profundidad: “Sólo una vez me quedé sin palabras. Fue cuando un hombre me preguntó: ¿Quién eres?”. En otra breve reflexión escribe: “El olvido es una forma de libertad”.

 

Imaginen ante tanto derroche de ego, de orgullo, que en muchas ocasiones nos rodea o que nosotros mismos manifestamos, y nos den una reflexión tan sencilla, contundente y breve como ésta: “Ignoro la verdad absoluta, pero soy humilde ante mi ignorancia, y en ello residen mi honor y mi recompensa”.

 

Ante el sentido de la vida, o de lo que llamamos éxito o fracaso, podemos animarnos con palabras como ésta: “La importancia del hombre no reside en lo que logra, sino en lo que ansía lograr”.

 

John Lennon, unos de los Beatles, utilizó una frase de Gibran en uno de sus temas: “La mitad de lo que digo carece de significado, pero lo digo para que la otra mitad pueda llegar a ti”.

 

Así podemos enumerar muchísimas frases más, pero por ahora, concluyamos con ésta, una de las más bellas y llenas de un gran conocimiento del ser humano: “La realidad de la otra persona no está en lo que te revela, sino en lo que no puede revelarte. Por lo tanto, si quieres entender a esa otra persona, no escuches lo que dice, sino lo que calla”.

 

En Gibran, la melancolía de Saturno contrasta con el espiritual optimismo de su ascendente en Sagitario. Junto a eso, Mercurio, el astro de la comunicación., y con marcada influencia en la carta astral de un escritor, si bien está en Capricornio, que tiende a la brevedad y a la palabra puntual, forma un gran triángulo cósmico con Urano (creatividad, genialidad, vanguardismo), y con Quirón y Plutón juntos: profundidad, intensidad, dolor, consuelo, transformación…

 

La energía capricorniana es mística y está enlazada al denominado “espíritu de la Navidad”, es decir al solsticio de invierno, y por tanto a la época elegida para conmemorar la venida al mundo de Jesús, y precisamente, una de las obras de Gibran es “Jesús, el hijo del hombre”.

 

En esta obra, hay un capítulo que describe la visión de la venida al mundo de Cristo, enlazado a un momento cósmico, astrológico, determinado. Veamos:

 

“Habréis de saber que cada millón de años, el Sol, la Luna, esta Tierra y sus planetas hermanos se reúnen en fila recta, y que juntos conversan un momento. Luego se dispersan otra vez y vuelven a esperar un millón de años para volver a dialogar. No hay milagros más allá de las estaciones, pero vosotros y yo, no conocemos todas las estaciones. ¿Y qué tendría de extraño que una estación se manifestara en la forma de un hombre? En Jesús, los elementos de nuestros cuerpos y los de nuestros sueños se unieron, según la ley”.

 

Lic. Pedro González Silva / WhatsApp: +58 424 8015998 / Correo: starpetrvs@gmail.com

 

Ilustración:  Pedro González Rondón

domingo, 5 de julio de 2026

El influjo plutoniano de Mary Shelley

 



Mary Wollstonecraft Shelley invocó las energías de Plutón, muchos años antes de que este planeta fuera descubierto, pero su influjo la “poseyó” y de allí salió su inmortal obra literaria: “Frankenstein”.

 

Nos hemos dado a la tarea de investigar los momentos cósmicos presentes en los diferentes sucesos relacionados con la creación del “monstruo” de Frankenstein, y cimentar nuestra hipótesis en relación con la fuerte presencia de la energía de Plutón, astro de la muerte y de la resurrección, del mundo lúgubre, tenebroso, y a la vez de lo biológico, del principio de vida, de la clonación… de las tumbas, del subsuelo, de las grandes destrucciones y transformaciones…

 

Resulta interesante y tal vez delirante, hacer la carta astral de un ser ficticio, pero a la vez tan real, porque ya está en el inconsciente colectivo sembrado, su imagen ya nos es incluso familiar, su historia es ya mitológica, su imagen icónica.

 

Nos referimos al monstruo de Frankenstein, al que muchos llaman “Frankenstein”, cuando en realidad no tiene nombre y se le menciona por el apellido de su “creador” ficticio: Víctor Frankenstein; decimos ficticio, pues es el personaje principal de la novela, pues la verdadera madre de la criatura es Mary Shelley.

 

En el caso del monstruo, nos resultó fácil aproximarnos a la fecha y hora para calcular su carta astrológica, ya que en la misma novela se revela fecha (bastante aproximada) y hora (exacta), y por la secuencia epistolar que tiene la obra, el año, además de la ciudad, en que se le dio vida al retazo de cadáveres que era este ser inanimado.

 

De manera que el monstruo recibió la vida una “lluviosa noche” de noviembre, es posible que el día dos, del año 1792, a la una de la madrugada, en la ciudad de Ingolstadt, Alemania.

 

Interesante que las circunstancias de la creación del monstruo, coinciden con las energías presentes en el momento cósmico de ese ficticio hecho, porque es una manera de comprobar que el influjo astrológico puede guardar sincronía con nuestra mente creadora, y que aquello que “inventamos” tiene un basamento astrológico real, por lo que, aún siendo “ficticio” la energía astral está presente en forma real.

 

El monstruo recibió la vida bajo la influencia de Escorpio, y por tanto de su astro regente Plutón, vino de ser un muerto (o varios muertos armados como un rompecabezas) para renacer transformado en un nuevo ser.

 

Sabemos que los antiguos astrólogos, que no conocían a Plutón, le asignaban la regencia escorpiana a Marte, y esta influencia también está muy presente en las circunstancias violentas relacionadas con el monstruo.

 

Ahora analicemos a la “madre” de la criatura, a Mary Shelley, de la cual se conoce su hora exacta de nacimiento. Ella nació bajo el signo de Virgo, y “casualmente” el monstruo es Ascendente Virgo. Cuando se sacan las cartas astrales de los grupos familiares, generalmente el hijo tiene el ascendente en el signo solar de la madre. Allí vemos una poderosa conexión astral entre la escritora y su personaje.

 

Además, Mary Shelley tiene a Plutón en conjunción casi exacta con su Medio Cielo en Acuario, signo donde este astro se exalta, por lo que el influjo de Plutón en Shelley era muy potente, por eso decimos que la “poseyó” para escribir una obra de clara temática plutoniana.

 

Por cierto, tanto el monstruo como Mary Shelley tienen a Plutón en sus cartas astrales en Acuario, exaltado, y en este ciclo actual del planeta recorriendo la franja acuariana, ambos tendrán su “retorno” plutoniano, y es de esperar eventos que signifiquen algún evento muy significativo relacionado con la novela y su autora.

 

La escritora Mary Shelley tenía su misión de vida en Géminis, indicando la misión de escribir, de comunicar, y que interesante que cuando ella inició su obra, en unas vacaciones que compartió en Ginebra con su esposo, el escritor Percy Shelley y el poeta Lord Byron, tenía apenas 18 años y su Nodo Norte (su misión de vida) retornaba a Géminis.

 

Mary Shelley nació en Londres, sin embargo, su personaje, Víctor Frankenstein, “nació” en Ginebra, tanto en el libro, como realmente, porque fue concebido en esta ciudad, donde Shelley pasaba sus vacaciones. El monstruo nació en Ingolstadt, Alemania, porque allí quedaba la universidad a la que fue a estudiar Frankenstein y donde vivió 5 años. Por cierto, Víctor Frankenstein no era “doctor”, era estudiante de “filosofía natural”, al momento de crear al monstruo.

 

En cambio, la novela sí “nació” en Londres, al igual que su autora. Su primera edición salió en enero de 1818, cuando el Nodo Sur, el que da información de las “vidas pasadas”, de las energías ancestrales, estaba justamente en Escorpio, esas energías ancestrales son las que vivió Shelley cuando concibió y escribió su obra, y donde plasmó la poderosa influencia de Plutón en su carta astral, influencia “oculta”, pues todavía este astro no había sido descubierto.

 

Plutón fue descubierto en 1930, y un año y nueve meses después, fue estrenada la versión cinematográfica más célebre de “Frankenstein”. Si bien en 1910 se hizo un cortometraje mudo sobre la novela, fue en 1931 cuando se realiza la primera y más célebre superproducción basada en la novela de Shelley.

 

La película de Estudios Universal, dirigida por James Whales, sonora y en blanco y negro, tuvo un impacto tan grande que, a nuestro juicio, aún en nuestros días, no ha podido ser superada.

 

Si bien en el guion se cambian muchísimas cosas de la novela original, e incluso, se pica en dos la obra (Frankenstein y la Novia de Frankenstein), la misma logró sembrar en el gran público de manera indeleble, la imagen del monstruo, interpretado magistralmente por el actor Boris Karloff.

 

De allí en adelante, el monstruo es identificado de manera icónica con la imagen de 1931, y muchas sagas que se hicieron posteriormente, utilizaron esta imagen, incluso con otros actores. El monstruo se “independizó” de la novela, y comenzó a aparecer en distintas películas en las que perennemente volvía a la vida (era quemado y renacía de sus cenizas como el ave Fénix), y también aparecía junto a Drácula, el Hombre Lobo, y hasta en películas y series humorísticas.

 

En los tiempos modernos se han filmado películas de Frankenstein más ajustadas al libreto original, pero con el “defecto” de presentar un monstruo distinto, tal vez intentando lograr un personaje que se parezca al descrito en el libro, pero, de acuerdo a lo que pensamos, esta ha sido la causa del poco éxito de las versiones modernas.

 

El Frankenstein de 1931, en blanco y negro, logró la atmósfera lúgubre adecuada, y la figura del monstruo resultó inolvidable. Al igual que el monstruo, la película es escorpiana, fue estrenada en noviembre con el Sol en Escorpio, y con Plutón en Cáncer, que curiosamente, es el ascendente de Mary Shelley.

 

Por cierto, cuando Plutón fue descubierto en 1930, estaba en Cáncer, y la Luna, regente de este signo, se encontraba en Escorpio, precisamente la franja zodiacal que se le asignó a Plutón, por donde también pasaba el Nodo Sur, el de las energías ancestrales, posición también presente en la novela Frankenstein.

 

Boris Karloff, el actor que inmortalizó la imagen del monstruo de Frankenstein, tenía a Mercurio (la mente, la palabra, la mirada) en Escorpio, energía expandida con Júpiter (regente de su signo solar) en este signo, y además, su Sol en Sagitario recibía la oposición de Plutón en Géminis, por lo que la influencia plutoniana en su carta era muy marcada, lo cual se manifestó con su dedicación a la actuación en películas de terror.

 

Como vemos, al juntar todos estos hechos y personajes, encontramos las energías plutonianas muy activas, y no nos sorprendería que nuestra motivación para escribir este artículo esté guiada por la influencia de este astro, que ha llegado a Acuario, acercándose al retorno en las cartas astrales de Mary Shelley y de su “monstruo”.

 

 Lic. Pedro González Silva / WhatsApp: +58 424 8015998 / Correo: starpetrvs@gmail.com

 

Ilustración:  Pedro González Rondón

sábado, 27 de junio de 2026

El “eterno retorno” de Nietzche

 



La obra del gran filósofo Friedrich Nietzche está impregnada de una fuerte energía escorpiana; tiene la intensidad y radicalidad de Plutón, e invita a intensos procesos de metamorfosis y transformación.

 

Sin embargo, Nietzche nació bajo el “equilibrado” signo de Libra… Bueno, en realidad sabemos que este arquetipo no tiene tanto equilibrio; lo busca, y le cuesta mantenerlo, y eso lo hace bastante “existencial”.

 

Ahora bien, en el caso de Nietzche, esa intensidad escorpiana la podemos descubrir si analizamos a fondo su carta astral, donde encontramos justamente una “oposición” de su Sol en Libra, con su Plutón en Aries; he allí el porqué el elemento escorpiano está tan marcado en su obra y en sus ideas.

 

Nietzche habla del “superhombre”, el ser humano forjador de su propio destino, y hace énfasis en la búsqueda de la individualidad, de la fortaleza interna que nos diferencie, para no formar parte del “rebaño”.

 

Esa influencia es la que plasmó Hermann Hesse en su novela “Demian”, donde aquellos que tenían la “señal” no se dejaban arrastrar por el “rebaño”, y forjaban su propio destino.

 

Allí está el elemento plutoniano, el “ave Fénix” que renace de sus cenizas, el pájaro que rompe el cascarón, que para nacer tiene que destruir un mundo…

 

Nietzche llamaba a romper esquemas, sus ideas generaron conmoción; al principio nadie leía sus libros, y paradójicamente después de su muerte, vino su “renacimiento” a través de su obra, que generó un gran impacto y marcó influencia en toda una generación.

 

Nietzche tuvo ideas que rompieron moldes y esquemas moralistas, se rebeló contra el conformismo, propuso que cada ser humano creara su “propia ley” su propia moral, y dejara de lado la obediencia ciega.

 

Aquí también estaba marcada fuertemente una influencia acuariana, libre pensadora, humanista, con una muy fuerte energía de Urano, y buscando en su carta encontramos otro aspecto astrológico muy intenso, otra “oposición”, en este caso de Mercurio en Libra, con Urano en Aries.

 

Tan fuerte fue este aspecto astrológico que lo llevó al final de su vida a la locura, pero antes, plasmó sus ideas de manera brillante y vanguardista, dejando una influencia muy marcada en aquellos que han decidido no formar parte de la masa, que buscan su verdadera individualidad.

 

Nietzche planteó la importancia de las decisiones que debemos tomar cada uno en nuestras vidas, porque esas decisiones marcarán nuestro destino, que habrá de repetirse eternamente, pues tendrá un “eterno retorno”.

 

En mitología, todo transcurre en forma circular, la historia se repite una y otra vez; Nietzche consideraba que así es el destino humano, damos el primer paso y eso marcará un rumbo, y toda nuestra vida, una vez vivida, la volveremos a repetir una y otra vez, en un “eterno retorno”.

 

Y así funciona el universo: un eterno retorno, todo gira y gira, vivimos una realidad circular, vamos “avanzando”, y ¿hacia donde avanzamos?, hacia el camino del retorno, por eso el ave Fénix “renace”, para volver a morir y renacer por los siglos de los siglos…

 

Lic. Pedro González Silva / WhatsApp: +58 424 8015998 / Correo: starpetrvs@gmail.com

 

Ilustración:  Pedro González Rondón

 

domingo, 21 de junio de 2026

Ernesto Sabato y la esencia solar

 


 

En Astrología el Sol indica nuestra esencia, lo que en verdad somos, el camino que hemos de recorrer para conocernos a nosotros mismos, es nuestra alma, lo que somos cuando estamos solos y nadie nos ve, lo verdadero que hay en cada ser…

 

 

Llegar a la esencia es un largo camino, al que solo llegamos si realmente logramos un “despertar”. En este ciclo solar canceriano que acaba de iniciarse, y con el tema que estamos tocando, es oportuno citar a un gran escritor nacido bajo la franja zodiacal del cangrejo, como lo es Ernesto Sabato.

 

 

En su magistral novela “El Túnel”, llena de una impactante carga psíquico-emocional, hay un fragmento que destacamos en este espacio, pues nos da la idea que hemos señalado, en lo que respecta a la tarea de llegar a nuestra “esencia”, en ese despertar que nos permita atravesar ese túnel que nos conduzca a lo más profundo de nuestro ser.

 

 

Dice Juan Pablo Castel, artista plástico y personaje protagónico de “El Túnel”, al referirse a un cuadro suyo que formaba parte de una exposición en la que presentaba al público sus pinturas:

 

 

“… presenté un cuadro llamado Maternidad. Era por el estilo de muchos otros anteriores como dicen los críticos en su insoportable dialecto, era sólido, estaba bien arquitecturado. Tenía, en fin, los atributos que esos charlatanes encontraban siempre en mis telas, incluyendo ¨cierta cosa profundamente intelectual¨. Pero arriba, a la izquierda, a través de una ventanita, se veía una escena pequeña y remota: una mujer miraba al mar. Era una mujer que miraba como esperando algo, quizás algún llamado apagado y distante. La escena sugería, en mi opinión, una soledad ansiosa y absoluta”.

 

 

“Nadie se fijó en esta escena: pasaban la mirada por encima, como por algo secundario, probablemente decorativo. Con excepción de una sola persona, nadie pareció comprender que esa escena constituía algo esencial”.

 

 

Esa única persona que entendió la esencia de la pintura, se llamaba María Iribarne, el otro personaje en importancia de “El Túnel”, y con quien Juan Pablo Castel se obsesionó, generando una intensa trama. Pero no es la idea revelar aquí el desenlace, ni el argumento, sino llamar la atención sobre lo que provocó que Castel se “enganchara” con María, ella fue la única persona con la sensibilidad de descubrir la esencia oculta en “la ventanita” de su cuadro.

 

 

¿Cuántas personas hemos conocido a la que hayamos podido llegar a su esencia, y no a su máscara social? ¿Cuántas cosas hemos vivido sin llegar a entender su verdadero significado, y lo que representan en nuestras vidas?  ¿Hasta qué punto nos hemos quedado en la superficie? ¿Qué tanto, realmente, nos conocemos a nosotros mismos?

 

 

Son preguntas que si nos las hacemos, ya significan algo, una inquietud, un pequeño despertar, pero no suelen ser muchos los que se hagan este tipo de interrogantes, y menos, que hagan algún esfuerzo en descubrir esas respuestas, pero claro, hay un buen número que aunque es una gran minoría, viéndolos aisladamente son numerosos, y están regados por distintos lugares del mundo, y que poseen una “señal”, que los distingue energéticamente, y han emprendido ese camino por el túnel que los ha de llevar a su esencia, a su destino…

 

 

Lic. Pedro González Silva/ WhatsApp: +58 424 8015998/ Correo: starpetrvs@gmail.com

 

Ilustración: Pedro González Rondón

domingo, 14 de junio de 2026

El “agua cósmica” de Hermann Hesse





Dijo el gran escritor alemán Hermann Hesse en la introducción de su inolvidable novela “Demian”, que “cada ser humano no es tan sólo él mismo; es también el punto único, particularísimo, importante y siempre singular, en el que se cruzan los fenómenos del mundo sólo una vez de aquel modo y nunca más. Así, la historia de cada hombre es esencial, eterna y divina, y cada hombre, mientras vive en alguna parte y cumple la voluntad de la Naturaleza, es algo maravilloso y digno de toda atención”.

 

 

Eso que dijo Hesse, es, sin habérselo propuesto, la mejor descripción que pueda haberse hecho de lo que es una carta astral: “el punto único, particularísimo (…) en el que se cruzan los fenómenos del mundo, sólo una vez de aquel modo, y nunca más…”

 

 

Hesse nació bajo el signo de Cáncer, franja zodiacal que pertenece al elemento agua, de grandes turbulencias emocionales, que podemos percibir en la obra del gran escritor en forma muy marcada, especialmente en la citada novela “Demian”, como también en su célebre obra “El lobo estepario”.

 

 

Los signos de agua son los más “kármicos”, esto significa que son los más propensos a la búsqueda interna, a indagar en sus raíces, al desarrollo de la intuición y de la magia, los que afrontan más crisis existenciales y también los que finalmente logran la transmutación, por eso, en la parte de nuestra carta astral donde tengamos los signos de agua, es el área donde más tendremos que trabajar el mundo psíquico para despertar los poderes transformadores.

 

 

El agua en el lenguaje esotérico representa el subconsciente, esa parte interna de nuestra consciencia responsable de hacer realidad todo aquello que pensamos, bueno o malo; lo que nuestra mente consciente envía al subconsciente, éste último lo materializa.

 

 

Algo como esto, reflejó Hermann Hesse en “Demian”, cuando señaló que “para nacer hay que destruir un mundo”, y dejó entrever su lucha interior, cuando expresó que “tan solo quería intentar vivir aquello que brotaba espontáneamente de mí… ¿por qué había de serme tan difícil?”

 

 

El subconsciente tiene un gran poder creativo, pero obedece a las instrucciones del mundo consciente; por eso es tan importante mantener la conciencia clara, porque si dejamos al subconsciente “de su cuenta” perderemos el control de nuestras vidas.

 

 

Lic. Pedro González Silva/ WhatsApp: +58 424 8015998/ Correo: starpetrvs@gmail.com

 

Ilustración: Pedro González Rondón


domingo, 7 de junio de 2026

Energía geminiana de “La Divina Comedia”

 



El Sol transita por Géminis, buen momento para recordar al geminiano Dante Alighieri, autor del célebre poema épico “La Divina Comedia”.

 

 

Justo Géminis es el signo de los escritores, y en Dante, tales energías se manifestaron de manera brillante, y además, la peculiar energía de su planeta regente, encarnó uno de los mitos más célebres, como es el descenso de Hermes-Mercurio al Hades (Infierno), para buscar a Perséfone, la deidad raptada por Plutón.

 

 

La Divina Comedia narra el viaje del propio autor a través del Infierno, del Purgatorio y el Paraíso, simbolizando la búsqueda espiritual del ser humano.

 

 

En su obra, hace alegoría al descenso de Mercurio a ese Infierno, donde negoció con Plutón para que dejara salir a Perséfone al Olimpo; ella, hija de Zeus, tuvo la oportunidad de ir acompañada de Mercurio a pasar una temporada con su padre, y luego, escoltada de nuevo por el Dios-mensajero, regresar al Hades, junto a Plutón.

 

 

Dante Alighieri vivió un amor imposible y platónico, con una mujer a la que nunca se atrevió a hablarle, Beatriz, pero de quien escribió hermosos poemas. Su planeta Mercurio, aunque en el comunicativo Géminis, estaba escondido en el sector doceavo y además represado por Saturno, generando una timidez muy grande que lo alejó de su amada.

 

 

No obstante, volcó toda su maestría en la palabra escrita, convirtiéndose en un célebre poeta y escritor, cuya obra lo inmortalizó.

 

 

** Nuestro blog El Termómetro Zodiacal, cumple 19 años este 7 de junio. Salió a la luz por vez primera en el 2007, precisamente con el Sol transitando por Géminis.

 


** Lic. Pedro González Silva / WhatsApp: +58 4248015998 / correo: starpetrvs@gmail.com

 

** Ilustración: Pedro González Rondón

miércoles, 6 de mayo de 2026

El tiempo de la profecía

 




Se abre el portón cósmico que conduce al tiempo remoto donde los seres humanos tienen su cerebro en sincronía con el logos solar. Aquel tiempo que subsiste en otra dimensión, donde en mundos paralelos la gente lee.

 

 

 

En aquella realidad sin redes sociales y humanoides idiotizados, existen los libros, las palabras cargadas de humanidad, lejos de la fría plasticidad de la inteligencia artificial. Es el tiempo de asumir la nueva realidad; las naves están listas.

 

 

 

El zodíaco se ha desfasado y ya no rige aquel ambiente inanimado. La precesión equinoccial, la retrogradación del punto vernal, y la existencia de innumerables galaxias con planetas habitados, indican un nuevo radio de acción, nuevas interpretaciones, que se alejan del ya desgastado mundo que habíamos conocido.

 

 

 

En aquel mundo paralelo nos reencontramos con Khalil Gibran, en el momento preciso de esta configuración cósmica, y sus palabras reviven el instante del cambio vibracional contenido en su profecía:

 

 

 

“El mar que llama a todas las cosas me llama y debo embarcarme. Porque quedarse, aunque las horas ardan en la noche, es congelarse, cristalizarse y quedar atrapado en un molde. De buena gana me llevaría conmigo todo lo que hay aquí. ¿Pero cómo lo haré? Una voz no puede llevar la lengua y los labios que le dieron alas. Sólo debe buscar el éter”.