domingo, 25 de octubre de 2026

Astrología entre ciencia y religión



En sus inicios (4.500 años antes de Cristo), la Astrología tuvo connotaciones religiosas, sin dejar de lado el aspecto científico astronómico.

 

En la antigua Mesopotamia (hoy día Irak), surgieron los primeros astrólogos, específicamente en la capital de este territorio: Babilonia. Eran sacerdotes politeístas que consideraban a los planetas como dioses, y por lo tanto, estudiaban sus movimientos, en busca de señales divinas.

 

Los antiguos estudiosos dejaron tablillas con posiciones planetarias y todos sus estudios y observaciones de los movimientos celestes. Ellos crearon el primer sistema organizado de observación y diseñaron lo que hoy conocemos como el zodíaco, franja que rodea a la Tierra y que para los antiguos es considerada “el alma del mundo”.

 

Luego, en Egipto (antigua Alejandría) surgió la Astrología helenística, que le dio forma más concreta al estudio de los astros, y de allí surgió la primera carta astrológica, así mismo, los signos fueron subdivididos en decanatos.

 

Esta Astrología conservaba su aspecto místico, de una forma más profunda o esotérica, ligándola a las leyes herméticas de Hermes Trismegisto. La primera carta astral que se conoce, fue elaborada en 410 antes de Cristo; allí estaban las posiciones de los planetas en los signos, pero todavía no se conocían el ascendente ni las casas astrológicas.

 

Fue en el siglo II después de Cristo, cuando la Astrología adquirió un tono más científico, gracias a la obra de Claudio Ptolomeo, el “Tetrabiblos”, quien sistematizó todos los conocimientos astrológicos, y le dio explicación científica a los efectos que los planetas producen en el ser humano.

 

A su vez, Ptolomeo se había inspirado en las ideas del célebre filósofo griego Aristóteles, para asignar los significados y las influencias planetarias.

 

Si bien Ptolomeo le dio realce científico a la Astrología, paralelamente los hebreos le otorgaron el tono de religiosidad, ligándola a la Cábala, las letras hebreas sagradas y el Arbol de la Vida, donde los séfirots se corresponden con signos y planetas, y describen la ruta del “retorno” a Dios.

 

No obstante, el camino científico de la Astrología continuó, primero con Kepler y Newton, y fue así como en Europa, siglos después, Morin de Villefranche consolidó los aspectos astronómicos y de interpretación astrológica, ya de una manera mucho más sistematizada.

 

No han dejado de haber en el camino corrientes espirituales en la Astrología, como es el caso de los tratados de Alice Bailey, quien habló de una astrología esotérica, con regencias distintas de los planetas, y ligados a los “rayos” metafísicos.  El asunto es que las bases de esta Astrología vienen de un “mensaje telepático” que recibió Bailey del “Maestro Djwhal Khul”, de cuya existencia no hay pruebas físicas.

 

Mientras, en los avances modernos, la Astrología adquirió aún mayor rigor científico al ser considerada bajo las teorías de la psicología, muy especialmente por parte de Carl Jung, que cambió la visión de muchos astrólogos con respecto a la manera cómo los astros influyen al ser humano.

 

Mientras la visión de los antiguos como Ptolomeo o Morin, era de carácter físico, es decir, que los planetas influyen con sus propias energías e incluso inciden en las glándulas endocrinas de las personas, Jung y los demás “astropsicólogos” consideran la teoría de las sincronicidades, en donde los planetas no ejercen acción física, sino que sus movimientos “coinciden” con los del organismo y la psique humana.

 

Al respecto, Jung afirma que las personas deben trabajar en hacer conscientes sus procesos inconscientes, para que no sea el inconsciente quien dirija sus vidas, eso es lo que llaman “destino”, el dejarse gobernar por la inconsciencia.  

 

Lo que resulta curioso es que la teoría de la sincronicidad de Jung se basa en una muy antigua ley hermética, la ley de correspondencia: “Como es arriba, es abajo”, de manera que ya en la antigüedad había esta visión de que lo inmensamente grande se corresponde con lo inmensamente pequeño, y eso explica de alguna forma el por qué funciona la Astrología.

 

En particular, consideramos que las dos vertientes (sincronicidad y efecto físico) no son incompatibles, puede haber una combinación de ambas.

 

En cuanto al carácter científico, pero a la vez, el carácter sagrado de la Astrología, podemos señalar algo que es muy cierto: la Astrología es una Ciencia Oculta.

 

Ahora bien, entendamos el significado de “ciencia oculta”. No es superchería, brujería, hechicería… toda ciencia es “oculta” cuando se conocen sus efectos, pero no sus causas a ciencia cierta.

 

Podemos verificar los efectos de los planetas en el ser humano, e incluso hacer estadísticas, pero no se sabe con certeza a qué se debe este efecto, sus causas; esas causas se intuyen, se hacen teorías (sincronicidad, efecto físico, poder divino…) pero no hay una verificación definitiva de las causas. Mientras eso sea así, la Astrología será una Ciencia Oculta, pero eso sí, muy eficaz si se le utiliza responsable y profesionalmente.

 

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PEDRO GONZALEZ SILVA 

 

Ilustración:  Pedro González Rondón

 

 

 

 

 

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