En sus inicios (4.500 años antes de Cristo), la Astrología tuvo connotaciones religiosas, sin dejar de lado el aspecto científico astronómico.
En la antigua
Mesopotamia (hoy día Irak), surgieron los primeros astrólogos, específicamente
en la capital de este territorio: Babilonia. Eran sacerdotes politeístas que
consideraban a los planetas como dioses, y por lo tanto, estudiaban sus
movimientos, en busca de señales divinas.
Los antiguos
estudiosos dejaron tablillas con posiciones planetarias y todos sus estudios y
observaciones de los movimientos celestes. Ellos crearon el primer sistema
organizado de observación y diseñaron lo que hoy conocemos como el zodíaco, franja
que rodea a la Tierra y que para los antiguos es considerada “el alma del mundo”.
Luego, en Egipto
(antigua Alejandría) surgió la Astrología helenística, que le dio forma más
concreta al estudio de los astros, y de allí surgió la primera carta
astrológica, así mismo, los signos fueron subdivididos en decanatos.
Esta Astrología
conservaba su aspecto místico, de una forma más profunda o esotérica, ligándola
a las leyes herméticas de Hermes Trismegisto. La primera carta astral que se
conoce, fue elaborada en 410 antes de Cristo; allí estaban las posiciones de
los planetas en los signos, pero todavía no se conocían el ascendente ni las
casas astrológicas.
Fue en el siglo II
después de Cristo, cuando la Astrología adquirió un tono más científico,
gracias a la obra de Claudio Ptolomeo, el “Tetrabiblos”, quien sistematizó
todos los conocimientos astrológicos, y le dio explicación científica a los
efectos que los planetas producen en el ser humano.
A su vez, Ptolomeo se
había inspirado en las ideas del célebre filósofo griego Aristóteles, para
asignar los significados y las influencias planetarias.
Si bien Ptolomeo le
dio realce científico a la Astrología, paralelamente los hebreos le otorgaron
el tono de religiosidad, ligándola a la Cábala, las letras hebreas sagradas y
el Arbol de la Vida, donde los séfirots se corresponden con signos y planetas,
y describen la ruta del “retorno” a Dios.
No obstante, el
camino científico de la Astrología continuó, primero con Kepler y Newton, y fue
así como en Europa, siglos después, Morin de Villefranche consolidó los
aspectos astronómicos y de interpretación astrológica, ya de una manera mucho
más sistematizada.
No han dejado de
haber en el camino corrientes espirituales en la Astrología, como es el caso de
los tratados de Alice Bailey, quien habló de una astrología esotérica, con regencias
distintas de los planetas, y ligados a los “rayos” metafísicos. El asunto es que las bases de esta Astrología
vienen de un “mensaje telepático” que recibió Bailey del “Maestro Djwhal Khul”,
de cuya existencia no hay pruebas físicas.
Mientras, en los
avances modernos, la Astrología adquirió aún mayor rigor científico al ser
considerada bajo las teorías de la psicología, muy especialmente por parte de
Carl Jung, que cambió la visión de muchos astrólogos con respecto a la manera
cómo los astros influyen al ser humano.
Mientras la visión de
los antiguos como Ptolomeo o Morin, era de carácter físico, es decir, que los
planetas influyen con sus propias energías e incluso inciden en las glándulas
endocrinas de las personas, Jung y los demás “astropsicólogos” consideran la
teoría de las sincronicidades, en donde los planetas no ejercen acción física,
sino que sus movimientos “coinciden” con los del organismo y la psique humana.
Al respecto, Jung
afirma que las personas deben trabajar en hacer conscientes sus procesos inconscientes,
para que no sea el inconsciente quien dirija sus vidas, eso es lo que llaman “destino”,
el dejarse gobernar por la inconsciencia.
Lo que resulta
curioso es que la teoría de la sincronicidad de Jung se basa en una muy antigua
ley hermética, la ley de correspondencia: “Como es arriba, es abajo”, de manera
que ya en la antigüedad había esta visión de que lo inmensamente grande se
corresponde con lo inmensamente pequeño, y eso explica de alguna forma el por qué
funciona la Astrología.
En particular,
consideramos que las dos vertientes (sincronicidad y efecto físico) no son
incompatibles, puede haber una combinación de ambas.
En cuanto al carácter
científico, pero a la vez, el carácter sagrado de la Astrología, podemos
señalar algo que es muy cierto: la Astrología es una Ciencia Oculta.
Ahora bien,
entendamos el significado de “ciencia oculta”. No es superchería, brujería,
hechicería… toda ciencia es “oculta” cuando se conocen sus efectos, pero no sus
causas a ciencia cierta.
Podemos verificar los
efectos de los planetas en el ser humano, e incluso hacer estadísticas, pero no
se sabe con certeza a qué se debe este efecto, sus causas; esas causas se
intuyen, se hacen teorías (sincronicidad, efecto físico, poder divino…) pero no
hay una verificación definitiva de las causas. Mientras eso sea así, la
Astrología será una Ciencia Oculta, pero eso sí, muy eficaz si se le utiliza
responsable y profesionalmente.
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PEDRO GONZALEZ SILVA
Ilustración: Pedro
González Rondón


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