En un anterior
artículo, comentamos que el filósofo Friedrich Nietzche planteó la importancia
de las decisiones que debemos tomar cada uno en nuestras vidas, porque esas
decisiones marcarán nuestro destino, que habrá de repetirse por siempre, pues
tendrá un “eterno retorno”.
Y señalamos que, en
las historias mitológicas, todo transcurre en forma circular, la historia se
repite una y otra vez, y así funciona el universo, todo gira, todo va en
círculo, y la evolución se va dando en espiral, al igual que las galaxias.
Mencionamos “el
eterno retorno”, para referirnos a la historia narrada en La Odisea, obra que
data de 3000 años atrás, cuyo autor es Homero, y que actualmente ha tomado protagonismo,
gracias a la recién estrenada película que protagoniza Matt Damon.
La figura mitológica
relevante es el dios Poseidón (nombre original griego, que los romanos luego
bautizaron como Neptuno).
En La Odisea, el
argumento principal es el retorno del protagonista, Odiseo, a su reino, Itaca,
luego de haber invadido Troya. La ida y el regreso traen consigo un intenso
proceso de crecimiento interior del personaje, enfrentando duras pruebas en el
camino de retorno.
El “eterno retorno”
se da, pues vemos como una vez vence todos los obstáculos y regresa a Itaca
para unirse a su amada Penélope, no concluye la historia, pues Odiseo decide
partir de nuevo, esta vez con su pareja, y dejar el reino en manos de su hijo
Telémaco.
Odiseo cumple un gran
ciclo, la ida y el retorno, para volver a partir; su esposa, en un círculo más
pequeño, también cumple el destino circular para sincronizarse con su amado:
ella teje un manto, con la promesa de que, al concluirlo, se casará (ante la
ausencia de Odiseo) con uno de sus pretendientes que ocupan su palacio, pero
ella luego de tejer, desteje el manto y vuelve a comenzar, una y otra vez,
dando tiempo a que se produzca el retorno de Odiseo.
Odiseo, en su
recorrido, ha cometido varias faltas: la excesiva crueldad en Troya, atacar
cuando ya estaba vencido al cíclope, hijo de Poseidón, entre otras cosas, desatando
la furia del dios de los mares, que acabó con toda su tripulación, de manera
que regresó solo a Itaca, luego de estar perdido en una isla, y desmemoriado,
durante siete años.
En su retorno ha
madurado, crecido espiritualmente, podríamos hacer la analogía con un tránsito
astrológico de Neptuno, ha despertado de un sueño y lo ha hecho con una
experiencia que lo llevó a crecer y evolucionar, a despojarse de su ego y
encontrarse con su alma, su esencia.
Es interesante
enlazar el comportamiento del Poseidón mitológico con el Neptuno astrológico
(son la misma deidad, con nombre griego y romano, al igual que Odiseo es el
nombre griego, y que los romanos llamaron Ulises).
Poseidón es un dios
colérico, y si se le enfrentan y lo deshonran, si provocan su furia, genera
grandes tormentas marítimas y terremotos, aunque con aquellos que lo veneran,
los protege al navegar, calma las aguas y salva las embarcaciones.
Astrológicamente no
se destaca el temperamento colérico de Poseidón, que sin embargo está latente
en cualquier persona con influencia de Neptuno en su carta astral; se habla más
de las cualidades místicas, evasivas y sutiles de este astro.
Esas cualidades del Neptuno
astrológico están presentes en La Odisea: la evasión neptuniana se produce
cuando pierde la memoria con una especie de loto que lo mantiene dopado (clara
influencia neptuniana)
Su mundo
subconsciente permanece muy activo, tratando recordar, recibiendo los consejos
de la diosa Atenea y de la ninfa Calypso; ya había hecho un duro esfuerzo para
evitar caer en la influencia de los “cantos de sirena”, algo así como un
síndrome de abstinencia, es decir, todo un proceso neptuniano de crecimiento
interior y místico, que también se evidencia al esconderse en un manto y pasar
como mendigo, en su retorno a Itaca. El ego ha quedado disuelto, ya no necesita
ser el Rey…
Lic. Pedro González Silva / WhatsApp: +58
424 8015998 / Correo: starpetrvs@gmail.com
Ilustración: Pedro
González Rondón

No hay comentarios:
Publicar un comentario