domingo, 26 de julio de 2026

El tránsito de Neptuno en “La Odisea”

 



En un anterior artículo, comentamos que el filósofo Friedrich Nietzche planteó la importancia de las decisiones que debemos tomar cada uno en nuestras vidas, porque esas decisiones marcarán nuestro destino, que habrá de repetirse por siempre, pues tendrá un “eterno retorno”.

 

Y señalamos que, en las historias mitológicas, todo transcurre en forma circular, la historia se repite una y otra vez, y así funciona el universo, todo gira, todo va en círculo, y la evolución se va dando en espiral, al igual que las galaxias.

 

Mencionamos “el eterno retorno”, para referirnos a la historia narrada en La Odisea, obra que data de 3000 años atrás, cuyo autor es Homero, y que actualmente ha tomado protagonismo, gracias a la recién estrenada película que protagoniza Matt Damon.

 

La figura mitológica relevante es el dios Poseidón (nombre original griego, que los romanos luego bautizaron como Neptuno).

 

En La Odisea, el argumento principal es el retorno del protagonista, Odiseo, a su reino, Itaca, luego de haber invadido Troya. La ida y el regreso traen consigo un intenso proceso de crecimiento interior del personaje, enfrentando duras pruebas en el camino de retorno.

 

El “eterno retorno” se da, pues vemos como una vez vence todos los obstáculos y regresa a Itaca para unirse a su amada Penélope, no concluye la historia, pues Odiseo decide partir de nuevo, esta vez con su pareja, y dejar el reino en manos de su hijo Telémaco.

 

Odiseo cumple un gran ciclo, la ida y el retorno, para volver a partir; su esposa, en un círculo más pequeño, también cumple el destino circular para sincronizarse con su amado: ella teje un manto, con la promesa de que, al concluirlo, se casará (ante la ausencia de Odiseo) con uno de sus pretendientes que ocupan su palacio, pero ella luego de tejer, desteje el manto y vuelve a comenzar, una y otra vez, dando tiempo a que se produzca el retorno de Odiseo.

 

Odiseo, en su recorrido, ha cometido varias faltas: la excesiva crueldad en Troya, atacar cuando ya estaba vencido al cíclope, hijo de Poseidón, entre otras cosas, desatando la furia del dios de los mares, que acabó con toda su tripulación, de manera que regresó solo a Itaca, luego de estar perdido en una isla, y desmemoriado, durante siete años.

 

En su retorno ha madurado, crecido espiritualmente, podríamos hacer la analogía con un tránsito astrológico de Neptuno, ha despertado de un sueño y lo ha hecho con una experiencia que lo llevó a crecer y evolucionar, a despojarse de su ego y encontrarse con su alma, su esencia.

 

Es interesante enlazar el comportamiento del Poseidón mitológico con el Neptuno astrológico (son la misma deidad, con nombre griego y romano, al igual que Odiseo es el nombre griego, y que los romanos llamaron Ulises).

 

Poseidón es un dios colérico, y si se le enfrentan y lo deshonran, si provocan su furia, genera grandes tormentas marítimas y terremotos, aunque con aquellos que lo veneran, los protege al navegar, calma las aguas y salva las embarcaciones.

 

Astrológicamente no se destaca el temperamento colérico de Poseidón, que sin embargo está latente en cualquier persona con influencia de Neptuno en su carta astral; se habla más de las cualidades místicas, evasivas y sutiles de este astro.

 

Esas cualidades del Neptuno astrológico están presentes en La Odisea: la evasión neptuniana se produce cuando pierde la memoria con una especie de loto que lo mantiene dopado (clara influencia neptuniana)

 

Su mundo subconsciente permanece muy activo, tratando recordar, recibiendo los consejos de la diosa Atenea y de la ninfa Calypso; ya había hecho un duro esfuerzo para evitar caer en la influencia de los “cantos de sirena”, algo así como un síndrome de abstinencia, es decir, todo un proceso neptuniano de crecimiento interior y místico, que también se evidencia al esconderse en un manto y pasar como mendigo, en su retorno a Itaca. El ego ha quedado disuelto, ya no necesita ser el Rey…

 

Lic. Pedro González Silva / WhatsApp: +58 424 8015998 / Correo: starpetrvs@gmail.com

 

Ilustración:  Pedro González Rondón


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