En la obra literaria de Jorge Luis Borges se plasman muy definidamente las características más esenciales de su signo solar, Virgo, como son la perfección en el lenguaje, y la minuciosidad de los detalles que lo llevan a desmenuzar un relato hasta sacarle el brillo de su erudición.
Virgo es un signo de
humildad e introversión, pero en la carta astral del inmortal escritor
argentino, el brillo de Leo sale a relucir de manera natural, sin rebusques ni
aspavientos, como una joya de oro que reluce por sí misma.
En el mapa
astrológico de Borge, la conjunción de Mercurio y Venus en Leo hacen una
extraordinaria alquimia que se manifiesta en una obra que destaca. Podría
decirse que la naturaleza presuntuosa de este signo queda impregnada en unos
escritos que hacen gala de una asombrosa erudición que no se esfuerza en
ocultar, y que lo pavonea en el arte de la escritura con toda naturalidad.
Es interesante
destacar el estado cósmico de Mercurio en la carta de Borges, pues está “caído”,
y justo el astro que tiene que ver con el lenguaje… Pues bien, esa posición
astrológica se manifestaba con algunos problemas en su expresión verbal, cierta
leve tartamudez, el miedo escénico o timidez, pero esa “caída” se tornaba en grandeza
a la hora de escribir, en el dominio del lenguaje, y en su aguda creatividad.
Otra característica
de su Mercurio “caído”, fue su tendencia a la polémica, a las opiniones
filosas, sin anestesia y “políticamente incorrectas”. Le gustaba mucho, además,
utilizar la ironía y el humor “picante”, muy seguramente gracias a la presencia
de Júpiter en Escorpio dentro de su carta astral, en cuadratura con su Venus y
Mercurio en Leo.
Particularmente, nos
parecen extraordinarios sus relatos en los que habla de temas inexistentes con
una maestría que los hace parecer reales, es como si diera una conferencia
sobre un tema desfachatado y lo hace aparecer como si fuera real.
Por ejemplo, uno de
sus cuentos, trata de un libro infinito, el cual, mientras es leído, va
aumentando el número de sus páginas, a tal punto que si se intenta leer por
segunda vez una misma hoja, no la vuelves a conseguir si ya has pasado la
página, pues el libro va creciendo, nunca concluye; eso lo lleva en un momento dado a
querer deshacerse del libro, al que empieza a considerar “diabólico”. El texto
se titula “El libro de arena”.
Hay un relato de
Borges que les dejaremos a continuación, breve y genial. Les invito a leerlo:
Del
rigor en la ciencia
En aquel
Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal perfección que el mapa de una sola
provincia ocupaba toda una ciudad, y el mapa del Imperio, toda una provincia.
Con el tiempo, estos mapas desmesurados no satisficieron y los Colegios de
Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y
coincidía puntualmente con él. Menos adictas al estudio de la Cartografía, las generaciones
siguientes entendieron que ese dilatado mapa era inútil y no sin impiedad lo
entregaron a las inclemencias del Sol y de los inviernos. En los desiertos del
Oeste perduran despedazadas ruinas del Mapa, habitadas por animales y por mendigos;
en todo el país no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.
Lic. Pedro González Silva / WhatsApp: +58
424 8015998 / Correo: starpetrvs@gmail.com
Ilustración: Pedro
González Rondón

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