El temperamento de
Capricornio suele parecer árido, calculador, estricto y emotivamente frío, sin
embargo, su influjo real conlleva a muchos seres humanos a alcanzar un alto
grado de espiritualidad y sensibilidad.
Este es el caso del
escritor y poeta libanés Khalil Gibran, cuya obra destila la dulce melancolía
capricorniana, una extrema sensibilidad e inspiración que llega a miles de
personas en todo el mundo.
Tener y leer un libro
de Gibran es contar con un amigo y compañero dispuesto a darte siempre paz,
ánimo y momentos de reflexión y sabiduría.
Muy especialmente nos
referiremos a su pequeña gran obra “Arena y Espuma”, un libro de aforismos,
pensamientos breves y muy profundos, que en determinados momentos pueden ser el
mejor consejo que podamos recibir, o simplemente, una frase que nos estimula
dulcemente y nos anima en nuestro tránsito por la vida.
Una muy corta frase,
encierra, por ejemplo, una enorme profundidad: “Sólo una vez me quedé sin
palabras. Fue cuando un hombre me preguntó: ¿Quién eres?”. En otra breve
reflexión escribe: “El olvido es una forma de libertad”.
Imaginen ante tanto
derroche de ego, de orgullo, que en muchas ocasiones nos rodea o que nosotros
mismos manifestamos, y nos den una reflexión tan sencilla, contundente y breve
como ésta: “Ignoro la verdad absoluta, pero soy humilde ante mi ignorancia, y
en ello residen mi honor y mi recompensa”.
Ante el sentido de la
vida, o de lo que llamamos éxito o fracaso, podemos animarnos con palabras como
ésta: “La importancia del hombre no reside en lo que logra, sino en lo que ansía
lograr”.
John Lennon, unos de
los Beatles, utilizó una frase de Gibran en uno de sus temas: “La mitad de lo
que digo carece de significado, pero lo digo para que la otra mitad pueda
llegar a ti”.
Así podemos enumerar
muchísimas frases más, pero por ahora, concluyamos con ésta, una de las más
bellas y llenas de un gran conocimiento del ser humano: “La realidad de la otra
persona no está en lo que te revela, sino en lo que no puede revelarte. Por lo
tanto, si quieres entender a esa otra persona, no escuches lo que dice, sino lo
que calla”.
En Gibran, la
melancolía de Saturno contrasta con el espiritual optimismo de su ascendente en
Sagitario. Junto a eso, Mercurio, el astro de la comunicación., y con marcada
influencia en la carta astral de un escritor, si bien está en Capricornio, que
tiende a la brevedad y a la palabra puntual, forma un gran triángulo cósmico
con Urano (creatividad, genialidad, vanguardismo), y con Quirón y Plutón
juntos: profundidad, intensidad, dolor, consuelo, transformación…
La energía
capricorniana es mística y está enlazada al denominado “espíritu de la Navidad”,
es decir al solsticio de invierno, y por tanto a la época elegida para conmemorar
la venida al mundo de Jesús, y precisamente, una de las obras de Gibran es “Jesús,
el hijo del hombre”.
En esta obra, hay un
capítulo que describe la visión de la venida al mundo de Cristo, enlazado a un
momento cósmico, astrológico, determinado. Veamos:
“Habréis de saber que
cada millón de años, el Sol, la Luna, esta Tierra y sus planetas hermanos se
reúnen en fila recta, y que juntos conversan un momento. Luego se dispersan
otra vez y vuelven a esperar un millón de años para volver a dialogar. No hay
milagros más allá de las estaciones, pero vosotros y yo, no conocemos todas las
estaciones. ¿Y qué tendría de extraño que una estación se manifestara en la
forma de un hombre? En Jesús, los elementos de nuestros cuerpos y los de
nuestros sueños se unieron, según la ley”.
Lic. Pedro González Silva / WhatsApp: +58
424 8015998 / Correo: starpetrvs@gmail.com
Ilustración: Pedro González Rondón

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